Sinopsis

Lydia y Martín siempre han sido muy buenos amigos, hasta que Zac, el mejor amigo de Martín, lo convence para que empiece a salir con ella. Algún tiempo más tarde, Zac le dirá que la deje, que no vale la pena. Martín, que siempre ha sido un chico muy maleable, lo hará, por lo que la relación de Lydia y Martín se volverá bastante hostil… por culpa de su ruptura, Lydia se verá obligada a refugiarse en los brazos de Carlos, un amigo del colegio, más tarde ambos acabarán muy enamorados, Lydia de Carlos y Carlos de Ariadna, la mejor amiga de Lydia la cual tuvo un romance con Martín tres años atrás y aún sigue enamorada de él… ¿Y si al final Martín se da cuenta de que Lydia le gustaba de verdad? ¿Será tarde para arreglar su error? ¿Qué pasará entre tantos líos amorosos?

sábado, 21 de abril de 2012

Capítulo 20. Siempre quedarán marcas.

Capítulo 20.
(Narra Álex)
Estaba sentado en un banco de un parque, ensimismado con los abuelos que le daban de comer a las palomas, mirando en derredor también, pues la vista era totalmente verde, habían plantado multitud de árboles alrededor.
Estaba tan embobado que casi no noté cuando me llamaron al móvil.
Hola Álex, ¿Qué tal? Acabo de ver tu mensaje. —Tardé un poco en reconocer que era Zac quien hablaba.
—Hey, ¿Qué pasa tío? Oye, ¿Cuánto hace que no nos vemos? Venga, que te invito a tomar unas cañas, vente al bar Quesillos, ¿no?. —Lo animé, tenía ganas de hablar con alguien, y aunque no lo conocía de mucho, éramos amigos.
Claro, venga, que voy para allá.—Me contestó.

Me quedé un rato más viendo la cantidad de palomas que se habían reunido con los abuelos, que sonreían felices.
Había dos personas mayores, que se abrazaban y se besaban como el primer día. Sacudí la cabeza pensando en cómo me gustaría estar así con mi mujer dentro de tantos años. Los envidiaba, ellos habían sido capaces de encontrar el amor de su vida y mantenerlo muchos años.
Vi cómo ella estuvo a punto de tropezar y él le sujetó con dulzura y luego la besó. Después siguieron alimentando palomas, sin dejar de sonreír en ningún momento.
Por un segundo me imaginé así con Fátima, pero la idea no me gustaba en absoluto. No era ella con quien quería envejecer. Bajé la cabeza, no me gustaba ponerme a pensar en eso, me hacía sentir mal. Era como si me aprovechase de ella, ¿Por qué salíamos si cada vez me agobiaba más? ¿Por qué no era capaz de dejarla? Solíamos discutir mucho, cada vez eran menos los momentos románticos, siempre me estaba diciendo qué amiga mía no le gustaba, qué amigo no veía conveniente para mí. Entonces... si tan a disgusto me encontraba, ¿Qué me costaba dejarla? ¿La quería demasiado? No, eso sin duda. Llevábamos apenas un mes y medio aunque ella insistía en que ya habíamos cumplido los dos meses, la quería, pero me molestaba mucho sus constantes comportamientos controladores y celosos.
Me obligué a dejar de mirar el anciano matrimonio e irme con tranquilidad mientras despejaba mis pensamientos hacia el bar donde habíamos quedado.
[...]
—Hombre, Álex. Pensaba que no llegabas, ¿Qué tal tío?—Noté cómo Zac me daba palmadas en la espalda, desde detrás. Me giré para verlo sentado en una mesa de cuatro, invitándome a sentarme.
—Bien, bien—Mentí, Fátima no dejaba de agobiarme ni en mis pensamientos—¿Y tú, qué tal tío?
—Bueno, tú sabes, últimamente he estado algo liado aquí y allá, no he tenido tiempo para nadie. Bueno, dime ¿Qué tal tu vida? ¿Te has echado novia?—Dijo mientras alzaba la mano, diciéndole al camarero que trajese dos cervezas sin.
—Sí... —No esperaba que saliese el tema tan rápido.
—Bueno, y ¿cómo os va? ¿Quién es?—Preguntaba con una sonrisa.
—Se llama Fátima, no vive aquí, es de un pueblo de al lado. —Miré hacia otro lado, de lo poco que conocía a Zac, sabía que si quería, podía sacarte cualquier cosa. Y no es que me molestase contárselo, pero me incomodaba saber que tenía el control.
—¿Pero...? Siempre hay algún pero, y más cuando no se te han puesto corazoncitos en los ojos.—Murmuró, más serio mientras agarraba su botellín que ya había traído el camarero.
Fruncí los labios, sin saber qué contestarle.
—Es... complicado... nos conocimos en una discoteca... y nos acostamos. De eso hará unos dos meses. Luego de un tiempo la llamé y después de algunas citas comenzamos a salir. Pero... por lo visto no la conocía bien.
—¿Por? ¿No es como esperabas?
—Ella piensa que como nos conocimos en una discoteca, soy un fiestero rompecorazones que la va a dejar por cualquier golfa y eso la hace ser muy controladora y ... bastante cansina. Además como no vivimos cerca, pues sus celos aumentan. Está paranoica y cada vez que se lo digo, empieza a llorar diciendo que me voy a cansar de ella y que la voy a dejar.—No pude evitar molestarme. Fátima me estaba cansando.
Vi como Zac asentía, produciéndose un silencio que duró algunos minutos.
—Verás... Álex, yo como amigo tuyo que soy, siempre intentaré darte los mejores consejos, pero aquí lo veo claro. Si no estás a gusto con ella y sólo lleváis un mes y algo y encima ella se niega a hablar las cosas como una persona civilizada... déjala.
Cerré los ojos, sabía que era lo que tenía que hacer, pero no me atrevía a decirle que no era capaz.
—Yo... no soy capaz de dejarla, Zac. —Me eché hacia atrás, dejando más espacio entre los dos.
—Pues tú verás, Álex. O sigues con ella y cuanto más tiempo pase, más te costará dejarla, o la dejas ahora y te quitas de líos.—Sentenció finalmente mi amigo. Llevando más razón que un santo.

(Narra Ariadna)
Estaba parada frente a la puerta de Martín, esperando a que me abriese, dispuesta a hablar con él. La cita con Carlos de alguna forma, me había dado fuerzas para enfrentarme a él. Pensaba dejarle las cosas claras de una vez por todas.
Nada más abrir la puerta, no lo dejé ni abrir la boca.
—Martín, ¿Quién te da derecho a mandarme unos mensajes así? No somos nada. Si no me da la gana de cogerte el móvil, pues no te lo cojo. Si no quiero contestarte los mensajes, pues no los contesto. Así que déjame en paz de una vez, eres un maldito controlador que ha estado haciendo conmigo lo que le viene en gana, ¡Desgraciado!—Acabé chillándole en la misma puerta de su casa.
Me callé, esperando su reacción. Sabía que Martín a veces tenía muy mal pronto, pero vi una chispa de tristeza en sus ojos.
—Ariadna... —Dijo en un suspiro, cansado.—Estuve pensando mucho anoche. Yo... lo siento, te he tratado muy mal últimamente. Sé que he hecho muchas cosas mal y no espero que me perdones, pero ahora mismo sólo tengo claro que quiero a Lydia y que mi mayor error fue dejarla. —Su reacción me sorprendió, hasta que me di cuenta de que tenía los ojos llorosos, había estado llorando. Y no me sorprendería si hubiese bebido un poquito también.—Así que lo siento, intenta olvidar los mensajes. Y dile a Zac que aunque él fue quien empezó todo, ha sido mi culpa por continuar.
No me dio tiempo de decir nada cuando se metió en su casa y volvió a cerrar la puerta, dejándome completamente desorientada.

(Narra Martín)
Cerré la puerta, no quería oírla más. Sabía que tenía razón porque anoche, después de mandarle aquellos mensajes, me paré a pensar en lo que estaba haciendo por un segundo.
Por un segundo me paré a ponerme en la piel de Ariadna, en la de Lydia... y me di cuenta de lo estúpido que había sido, de lo mal que me había portado con la gente que me importaba.
Por un segundo había querido echarle toda la culpa a Zac, él era quien me había dicho que dejase a Lydia en un principio. Pero no era justo, él sólo era mi amigo, él no había hecho más que darme un consejo, yo era libre de seguirlo o no. Y le hice caso, y al arrepentirme, el amor por Lydia me cegó completamente, haciendo que me diese igual jugar con los sentimientos de las personas que menos lo merecían, como Ariadna.
Me sentí fatal cuando el peso de todas mis acciones cayó sobre mis hombros.
Y cuando no pude más, cuando unas lágrimas empezaban a rodar por mis mejillas, me dormí, acordándome de una historia que me contaron de pequeño.

Érase una vez, un niño muy malo muy malo muy malo, tan malo que su padre no sabía qué hacer con él, así que le dijo:—Por cada mala acción que hagas, tendrás que clavar un clavo en la puerta de tu habitación.Pasaron los días y el niño seguía igual de malo que siempre, todos los días por la noche clavaba los clavos que correspondían a sus malas acciones. Hasta que poco a poco, el clavar clavos se le hizo una tarea pesada, por lo que empezó a portarse mejor.Con las semanas el número de clavos de la puerta, tardaba más en aumentar, por lo que el padre lo veía satisfecho. Hasta que ya, al paso de los meses, el niño comenzó a portarse bien, dejando de clavar clavos.El padre, contento, le dijo:—Ahora, tendrás que pedir perdón a las personas que has lastimado, por cada una, quitarás un clavo.El niño, contento, asintió.Cada día quitaba unos cuantos clavos, hasta que ya no quedó ninguno, el padre, nuevamente lo cogió y le dijo:—¿Ves la puerta? Los clavos representaban tus malas acciones, y la puerta a las personas que te quieren. Ahora ya no hay clavos, pero siempre quedarán marcas de que una vez estuvieron clavados.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Mmmmmmmm... este es el que menos me a convencido de todos los que llevas..aun asi esta bien :)

Anónimo dijo...

no es para tirar cohetes....
esque ahora Martin se arrepientee?????????? de verdaaad???:0

Francisco M. dijo...

Hola amiga, tienes un blog realmente interesante, que merece todo mi respeto y el cual ire leyendo con la suficiente tranquilidad.

Aprovecho para desearte la mejor de las suertes en los proximos articulos aunque estoy seguro que no la necesitas porque eres toda una experta en la materia.

Saludos,
Francisco M.

Cristy dijo...

Sé que hace ya mucho tiempo que publicaste el capítulo, pero aun así, yo comento.

La verdad es que me ha encantado mogollón este capítulo, y también que hayas puesto a Matín como "el bueno" otra vez. Me gusta muchísimo y me alegra ver que se arrepiente de todo. Espero que le pida perdón a Lydia, a Ariadna y a Carlos, pero también espero que estos sepan perdinarle, a menos que sean tan estúpidos como para no hacerlo.

En fin, ya termino, que me encanta, igual que los otros capítulos y que sigue así chavala, lo haces genial. ;D

Anónimo dijo...

Me gusta mucho (;
Puedes pasarte por el mio?
http://tequieromasdeloquetupuedespensar.blogspot.com.es/?m=0