Sinopsis

Lydia y Martín siempre han sido muy buenos amigos, hasta que Zac, el mejor amigo de Martín, lo convence para que empiece a salir con ella. Algún tiempo más tarde, Zac le dirá que la deje, que no vale la pena. Martín, que siempre ha sido un chico muy maleable, lo hará, por lo que la relación de Lydia y Martín se volverá bastante hostil… por culpa de su ruptura, Lydia se verá obligada a refugiarse en los brazos de Carlos, un amigo del colegio, más tarde ambos acabarán muy enamorados, Lydia de Carlos y Carlos de Ariadna, la mejor amiga de Lydia la cual tuvo un romance con Martín tres años atrás y aún sigue enamorada de él… ¿Y si al final Martín se da cuenta de que Lydia le gustaba de verdad? ¿Será tarde para arreglar su error? ¿Qué pasará entre tantos líos amorosos?

domingo, 8 de abril de 2012

Capítulo 19. Una cita con riesgos.

Capítulo 19.
(Narra Ariadna).
No sabía si tenía que llamar a Carlos para quedar con él, o con Martín para aclarar las cosas…
Estaba hecha un lío, quería conocer un poco más a Carlos, pero si lo llamaba era muy probable que Martín se sintiera decepcionado por mi parte… ¡Pero era él quien me usaba y manipulaba a su antojo! Decidí entonces salir con Carlos, al menos una tarde para conocernos mejor, porque sinceramente, aunque era algo macarra, parecía buen chico además, era muy guapo.
Cogí el teléfono, intentando hacer memoria por si había quedado con Martín pero no me acordaba.
Agradecí a mi yo del pasado que no hubiese tirado el número de Carlos cuando éste se lo dio “por si algún día lo necesitaba”. Recuerdo que estuve tentada a rompérselo en sus narices, pero al final me lo quedé, por si acaso.
—Hola, ¿Carlos?—Por raro que pareciese, la voz me salió de lo más relajada.
(Narra Carlos)

Estaba viendo el final de Perdidos online cuando mi móvil vibró, no pensaba cogerlo ya que estaba muy interesante, aun así, lo miré para ver quién era y así devolverle luego la llamada.
Número desconocido.
Solía tener el número de todas las personas que disponían del mío, por lo que la curiosidad me pudo y acabé pausando el vídeo.
Hola, ¿Carlos?—Preguntó una voz que no llegué a reconocer pues sonaba distorsionada debido a la triste calidad del audio en llamadas telefónicas.
—¿Hola? Sí, soy Carlos. ¿Con quién tengo el placer de hablar?—Tanteé el terreno, a lo mejor era algún amigo del trabajo de mi padre (y me había aclarado muchas veces que tenía que ser amables con ellos).
Soy Ariadna, la amiga de Lydia… del instituto.—Irremediablemente me sonrojé, quedándome casi sin habla durante unos segundos que se me hicieron eternos. ¿Ariadna, llamándome? Pensé que había tirado mi número por la cara que puso cuando se lo di.
—Ah… Hola, Ariadna. ¿Qué tal?¿qué pasa?— Intenté no perder mi toque natural, ser como yo era siempre. Inspiré profundamente para relajarme.
Estoy bien, ¿y tú? Yo… bueno… he pensado que fui un poco borde el otro día… yo… ¿te apetece si vamos a dar una vuelta? —No podía creer lo que oía, ¿realmente Ariadna me estaba pidiendo una cita? Ariadna, mi Ariadna, la niña de mis ojos, ese ángel de cabellos dorados, con ojos de un color tan intenso como grande era el amor que le profesaba… esa niña que tenía una sonrisa tan atrayente que le entregaría mi corazón por sólo una sonrisa suya. —Ya sabes… invito yo, es… para disculparme por cómo me comporté.
—Eh… claro, sí, sí, de acuerdo. Me parece bien, de todas formas, no estaba haciendo nada —Mentí descaradamente, pues estaba muy metido en el capítulo de Perdidos. — ¿A qué hora y dónde? ¿y dónde iríamos?—Intenté no parecer muy desesperado, pero la verdad era que me moría por verla de nuevo, su carita, sus facciones delicadas, su cuerpo inmaculado, ardía en deseos de oler su embriagador aroma de nuevo.
—¿Te parece bien si nos vemos a las 18:35 en la puerta principal del colegio? Y tranquilo Carlos, ya lo decidiremos allí tranquilamente. Adiós, un beso.—Se despidió de forma rápida, sin darme tiempo a contestar.
Me quedé unos minutos ensimismado, mirando al infinito… ¿Acababa de pasar lo que acababa de pasar? Ariadna me había llamado para quedar… era tan increíble… Cuando volví a pensar con claridad, busqué en internet algunos planes, no quería que nuestra primera cita fuese aburrida.
Descarté los paseos en barca por la playa ya que era invierno y hacía frío, el cine no me apetecía ya que no sabía si le iban a gustar las películas que había en la cartelera…
Al final opté por ir a un parque temático que había por aquí, aunque era algo pequeño y sin mucha importancia, estaba seguro de que nos lo pasaríamos bien…
Pero por otra parte, se tardaba cerca de una hora en llegar… y ahora en invierno anochecía antes, por lo que tuve que descartar esa opción también. Y de repente, se me ocurrió una idea con la que, si Ariadna era para mí,  sin duda, triunfaría.

Empecé a arreglarme y aunque tardé en afeitarme la poca pelusilla que tenía, me puse desodorante Axe Chocolate a modo de colonia e incluso me cambié de ropa dos veces, el tiempo no hacía que mis nervios se calmasen…
Cogí las llaves, dinero suficiente como para invitar a Ariadna al plan que tenía en mente, y el móvil.

Llegamos al colegio casi al mismo tiempo, por lo que no tuve tiempo de prepararme algo que decir, un tema del que hablar…
—Hola Ariadna, qué guapa vas.—Intenté que sonase como un cumplido de cortesía, aunque la verdad era que iba realmente espléndida. Una chaqueta normal que no dejaba ver lo que llevaba debajo, con unos pantalones vaqueros pitillos y unas converse, iba bastante normal e informal… aun así, le quedaba extremadamente bien. Era preciosa, hasta con harapos estaría guapísima.
—Gracias, tú vas muy guapo también… además—dijo mientras se acercaba a mí y mi corazón latía a mil—hueles muy bien, me gusta. —Cuando se alejó, riendo, me sonrojé, tener su cara tan cerca era turbador.
Por un momento reparé en su risa, el sonido era comparable al repiqueteo de las campanitas que el niño Jesús debería tener en su cuna o donde quiera que durmiese, era increíble… podría grabarla y escucharla todos los días de mi vida.
—Bueno Ariadna, yo había pensado… ¿eres de esas personas que repelen los helados en invierno?—Temí que me tomase por loco, pero era algo que siempre me había gustado y nunca podía compartir con nadie ¡Qué manía de que en invierno no se come helado!
Vi que entreabrió un poco los labios, sorprendida.
—Me encantan los helados en invierno… no sabía que había más personas a las que les gustaba, al menos yo no he conocido a ninguna ¿a ti también te gusta? —Sus ojos parecieron iluminarse ante esa posibilidad, era como una niña pequeña a la que le prometen su caramelo favorito.
—Sí, me encantan. Y me apetece uno justo ahora, ¿y tú, quieres?
Asintió con efusividad, casi arrastrándome a una heladería que yo ya conocía y al parecer, era su favorita.
Su ánimo pareció mejorar notablemente, ahora reía con más frecuencia e incluso me miraba más… o a lo mejor esto último me lo imaginaba yo.
Le compré su helado de chocolate con trocitos y otro de dulce de leche para mí, la sensación de tomarlos en invierno era exquisita.
—Carlos, ¿te apetecería ir a dar un paseo por la playa?—Me sorprendí, justo ese era el plan que yo había pensado… por una parte me sentí frustrado de que me lo hubiera quitado, por otra, feliz de que pensásemos igual.
—Sí, claro… además, por la playa ahora debe de hacer menos frío, por eso de que en la costa las temperaturas se suavizan. —Comenté, con una gran sonrisa. La cita estaba saliendo a pedir de boca.
Por el camino, Ariadna me preguntó por el grupo de rock que formaban mis amigos, y les dije que los había fichado una discográfica y que estaban muy liados como para dar más conciertos… se desilusionó, pero le prometí que yo conseguiría un autógrafo del vocalista firmado por todos los de la banda para ella.
Después de eso estuvimos hablando sobre todo un poco, ella me contó un poco de su vida, hasta que llegamos a la playa.
—Venga, fuera zapatos. —Le dije, emocionado porque ese día hacía una temperatura bastante buena (fría, pero no en exceso, habíamos tenido bastante suerte).
Nos descalzamos y echamos a andar algo alejados de la orilla, para no mojarnos. La gente que pasaba por el paseo marítimo se nos quedaba mirando, supuse que les resultaba extraño ver a dos personas con un helado y en la playa en pleno invierno.
Pero me encantaba que nos mirasen, quería gritarle al mundo que esa chica tan despampanante que tenía a mi lado había aceptado tener una cita conmigo, un chico del montón. Estaba eufórico.
Paseamos bastante, hasta que nos terminamos los helados y más… con Ariadna me costaba menos abrirme, era una chica madura aunque divertida si sabías captar su humor, me encantaba salir con ella.
Definitivamente, Ariadna era lo que había estado buscando durante tanto tiempo, sólo ella y nadie absolutamente nadie más. Porque la quería más que a nada y estaba dispuesto a darlo todo.

(Narra Ariadna)

Cuando llegué a casa, corrí a la habitación pues con las prisas me había dejado el móvil.
Quedar con Carlos había sido un sueño, me arrepentía de haber sido tan injusta con él, si se daba a conocer era un chico amable, profundo, inteligente, culto, cariñoso… era increíble. Se merecía una oportunidad porque valía muchísimo como amigo y como persona.
Estaba borracha de felicidad por lo bien que había salido todo cuando vi algunas perdidas de Martín en el móvil y varios sms suyos.

El primero lo había enviado a las 19h: Ariadna no me has cogido el móvil, está más atenta la próxima vez. Vente para mi casa y así me vas poniendo al día de tu amiga.

El segundo era de las 19:25h: ¿No has recibido el anterior mensaje? Que te vayas viniendo Ariadna, y cógeme el móvil. Eres tan despistada que lo has vuelto a perder ¿verdad?

El tercero era de las 19:45h: ¿Por qué diablos no coges el maldito teléfono? Me estoy enfadando. Te quiero en mi casa en veinte minutos.
Me estremecí, no quería imaginar a Martín enfadado.

El cuarto era de las 20:30h: De acuerdo perdona el anterior sms, estaba alterado. Sólo te digo que más te vale tener una buena excusa. Me has fallado Ariadna, ya te vale.
Eso me enfureció, ¿Estaba tratando de hacerme chantaje emocional? ¿Siempre tenía que estar disponible para él, quien me usaba y manipulaba a su antojo? Estaba más que harta.

Y el último era de hace poco, de las 22:35h: Espero que puedas dormir tranquila, hoy le has fallado a un buen amigo, quizás el único que tienes. Mañana hablaremos, está atenta al maldito móvil.
Me cabreé y tiré el móvil contra la cama, enfadada. ¿Por qué tenía que ser así conmigo? ¿Acaso no se daba cuenta de que era una persona y que no me podía tratar así?
Sacudí la cabeza e intenté pensar en lo agradable que habían sido las cosas con Carlos, él sí que era un caballero de verdad. Recordé cómo me había abierto la puerta de la heladería y cómo me había retirado la silla cuando paramos a tomar unos refrescos.
Carlos era fantástico, pero si Martín llegaba a enterarse me desterraría como su amiga para siempre. En cierto modo tenía razón, le había fallado, le había traicionado yéndome con “el enemigo” (su enemigo más bien).

7 comentarios:

Cristy dijo...

¡¡Increíble!! Eso sí, estás poniendo a Martin como el malo y a Carlos como el bueno, y a mí me gusta más Martin que Carlos. Admito que es mejor persona que el primero, pero aún así. Aunque ya te lo digo siempre; genial y un 10 por el capítulo. Besos.

CuatroTequieros dijo...

Gracias Cristy ^^
Hmmm... supongo que tienes razón, pero Martín es así, cree que tiene algo más de derecho sobre Ariadna que el resto de personas (él sabe que Ariadna lo quiere/no ha superado lo suyo con él), se aprovecha :/
Pero vaya, veré lo que puedo hacer :)
Gracias de nuevo :)

Anónimo dijo...

pues a mi me parece que no es asi, por que martin si que es el malo y segun como se comporta no se merece la amistad de ariadna

CuatroTequieros dijo...

Gracias por tu aportación, cada persona opina diferente :D

Anónimo dijo...

Yo opino que as clavado muy bien en la personalidad de Martin. En cada historia siempre hay un malo! Y creo que en esta es Martin sin duda, carlos y ariadna ESQUE ME ENCAnta!^^

Cristy dijo...

Hombre, es cierto que Martin tiene la frase 'malo de la historia' escrita en la frente, pero aún así, si leemos el capítulo donde todo empezó a ir mal, podemos observar que en cierto modo la culpa es de Zac. Martin es tonto por dejarse manipular así, pero en mi opinión, quien tiene toda la culpa es Zac. Aunque cada uno tiene su propia opinió. Pero eso sí, estoy de acuerdo con lo que dice uno de los anónimos: Carlos y Ariadna hacen una gran pareja. ;)

Anónimo dijo...

Cuando vas a subir el siguiente? :)
Me encanta.^^