Sinopsis

Lydia y Martín siempre han sido muy buenos amigos, hasta que Zac, el mejor amigo de Martín, lo convence para que empiece a salir con ella. Algún tiempo más tarde, Zac le dirá que la deje, que no vale la pena. Martín, que siempre ha sido un chico muy maleable, lo hará, por lo que la relación de Lydia y Martín se volverá bastante hostil… por culpa de su ruptura, Lydia se verá obligada a refugiarse en los brazos de Carlos, un amigo del colegio, más tarde ambos acabarán muy enamorados, Lydia de Carlos y Carlos de Ariadna, la mejor amiga de Lydia la cual tuvo un romance con Martín tres años atrás y aún sigue enamorada de él… ¿Y si al final Martín se da cuenta de que Lydia le gustaba de verdad? ¿Será tarde para arreglar su error? ¿Qué pasará entre tantos líos amorosos?

jueves, 29 de diciembre de 2011

Capítulo 1. Cumpliendo años.

Capítulo 1.
En Málaga, Andalucía. 30 de Junio.

30 de Junio, no era un 30 de Junio normal y corriente, hoy Martín cumplía años, 17 exactamente. Había decidido celebrarlo en la playa, pues el surf era su pasión desde que Lucas, un amigo suyo, se lo descubrió con no más de 10 años. Había quedado segundo en una importante competición hacía no mucho tiempo y por ello sus padres le habían dado total libertad para que celebrase su cumpleaños como más le apeteciese.
A pesar de que era un chico popular gracias a su físico y su personalidad graciosa, decidió invitar sólo a sus amigos más allegados; es decir, a Zacarías, a Lucas, a Ariadna y a mí.

—¡Martín, estoy aquí! —Le grité desde la orilla mientras lo veía coger una ola de tamaño mediano. Me miró desde la lejanía, guiñándome un ojo mientras corría hacia mí.
—¡Hola preciosa! —Dijo mientras me abrazaba, dándome un cálido beso en los labios. No eran muchas las veces en las que nos besábamos, pues no éramos novios, pero a veces, cuando simplemente nos apetecía, nos besábamos. — ¿Y los demás? Pensé que habrían venido contigo
—Ariadna está en camino, creo que viene con Zac, y no sé dónde puede estar Lucas. — Me separé un poco de él para poder quitarme la ropa y quedar en bikini.
—De acuerdo, ¿Te apetecen unas olas mientras esperamos? — Me señaló una tabla de surf tendida sobre la arena, al lado de su toalla.
—¡Claro! — Yo, por supuesto, no era surfista como él, pero de vez en cuando no le hacía ascos a una tarde de olas.


Hacía un día espléndido, el sol irradiaba calor, casi demasiada, mientras que había unas olas fenomenales para un apasionado como Martín, el día no le podía ir mejor. 


Me terminé de quitar el pareo corriendo, agarré la tabla y me lancé al agua, no tardé mucho en coger alguna buena ola, pues Martín me había enseñado a surfear medianamente bien hacía uno o dos años.
Había perdido la noción del tiempo cuando oí gritar a mis amigos que ya habían llegado.


—¡Hey, tios! ¿Qué pasa? ¡Joder cómo habéis tardado! —Saludó Martín amistosamente.
—Puf, perdona, se nos hizo tarde. —Contestó Zac, el rubio de ojos azules. —Pero veo que has sabido aprovechar el tiempo, ¿eh? — Comentó con una mirada pícara mientras observaba las tablas de surf mojadas en el suelo.


Fui a saludar a Ariadna mientras dejaba que Zac cogiese la misma tabla que había estado usando yo hasta su llegada, Lucas ya traía la suya. 


—¿Venís? Puedo bajar más tablas si queréis—En efecto, Martín vivía al lado de la playa, en un chalé bastante bonito, no tardaría más de 5 minutos en subir y traer dos o tres tablas más.
—¿Te apetece, Ariadna?— Le susurré, de espaldas al cumpleañero.
—No mucho... preferiría esperarlos aquí, tomando el sol.— Contestó sin alzar la voz.
—Gracias Martín, pero aún tengo que recuperarme de lo de antes— Dije refiriéndome a las olas que habíamos cogido momentos antes.


Vi que se alejaban mar adentro mientras Zac le hacía alguna que otra broma lasciva sobre ''lo de antes''. Típico.


Me volví hacia Ariadna, la cual ya estaba tumbada sobre su toalla, exhibiendo su magnífico cuerpo que parecía tener luz propia ya que su tez pálida prácticamente reflejaba la intensa luz del sol. Su figura era envidiable, pensé mientras me observaba a mí misma. No era la típica gorda acomplejada, pero unos kilitos de menos no me vendrían mal.


—¿Qué tal escapaste de 4º? — Su pregunta me sacó de mis cavilaciones.
—Bien, como siempre. Todo notable alto (8), menos gimnasia, el muy idiota me puso un notable bajo (7). ¿Y tú?
—Como siempre también, sobresaliente bajo (9) en todo menos Religión y Francés, que tengo un notable alto. —Sí, además de guapa Ariadna era increíblemente lista. Aunque a pesar de ello no tenía novio debido a su carácter algo retraído y asocial.
—Enhorabuena— Seguimos tomando el sol hasta que tuve la tripa totalmente roja, por lo que nos dimos la vuelta para empezar a tostarnos la espalda.
—Uff… Ariadna, no puedo más, ¿Vienes a darte un baño y de paso buscamos a los chicos, a ver dónde se habrán metido?—Comenté después de un rato con la espalda roja, también.
—Prefiero quedarme aquí, Lydia. Ve tú. —Si no fuese porque la conocía como a mí misma, no la hubiese dejado sola. Pero la conocía, sabía que le gustaba estar sola de vez en cuando y que si yo me iba con los demás, ella no se sentiría sola ni abandonada.
—De acuerdo, ven luego si te apetece.— Fui adentrándome en la orilla lentamente, intentando buscar con la mirada un grupo de alocados chicos.


—Lydia, ¡Estamos aquí!— Oí gritar a Martín desde la izquierda. Los vi. Se habían alejado muchísimo, pero no en profundidad, sino que víctimas de la corriente, habían acabado bastante más a la izquierda de lo que debieran.


Fui acercándome a nado.
Estuvimos jugando como críos bastante tiempo, hasta que al final, se hizo de noche y tuvimos que salirnos del agua… ¡Parecíamos pasas arrugadas!


Al volver, vimos que Ariadna no estaba… pero había dejado una nota


Perdona, he tenido que irme.


Sí, esa era ella. Si quería irse, se iba. Típico. No le dimos mayor importancia y nos sentamos en unos troncos, alrededor del fuego que acababa de encender Lucas.


Zac sacó algunas sardinas para que las asáramos. El día había sido fantástico.
Nos quedamos hasta tarde contando historias… de risa. Al final, sobre la 1 o así, nos volvimos a nuestras casas.


—Joder tio, menudo día. Ojalá cumplieras años cada semana. —Se despidió Lucas mientras se dirigía a sus pisos, por suerte, todos vivíamos cerca de la playa.
—Nos vemos mañana, Martín —Zac le guiñó un ojo cómplice a Martín, por lo visto, me estaba perdiendo algo.
Martín se sonrojó un poco, pero asintió. Al fin, nos quedamos solos.
—Felicidades, tio. Eres el mejor amigo que se puede tener, dame un abrazo.—Nos abrazamos tiernamente, hasta que recordé que me había olvidado su regalo en casa. —Por cierto, mañana si te pasas por mi casa, te doy tu regalo.
—Por supuesto, nena—Noté algunos ligeros espasmos de su risa. Martín era encantador. —Por cierto, Lydia, ¿no te reñirán tus padres por llegar tan tarde?—
—Por supuesto que no, ya sabían que venía a tu fiesta, además, hoy es viernes tontorrón.—Murmuré mientras le daba un leve codazo en las costillas. Los dos reímos.

2 comentarios:

Nerea Hernandez(: dijo...

jejejeje...parece interesante... y ese tal martin...:P

Schtroumpfette dijo...

Hahah pues yo prefiero a Carlos, fitetú ;)
Gracias :)